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Ésta es la sección de

NOTAS

con el aporte invalorable de don Juan Carlos Carabajal y su creación,  la Revista "Santiago, guitarra y copla"

Este mes: Transcribimos un artículo escrito por Felipe Rojas acerca de:

Fortunato Juárez: Canto y permanencia.

         Intro:Don Fortunato Juárez, hombre de Loreto, "Fortu" para los amigos. Su poesía, que se parecía a él, sencilla, con sabor a fruto silvestre, habla del monte, de su familia, de su Loreto, del abuelo Tatacu Carmen, de su gente. Los títulos de su obra: Para mi pago, El linyerita, Inti Súmaj,  El huajchito, Loretano soy, Sonia Nancy, Luz de mis ojos, Así era mi mama, Bienhaiga con el mocito, etc...muchos de los cuales fueron grabados por artistas de la talla de Los Fronterizos, Los Chalchaleros, el Chango Nieto, los Manseros Santiagueños, entre otros, hablan a las claras de su manera de ver y sentir las cosas de la vida.  "Fortu" fue un ser humano excepcional, un cultor de la más pura amistad, un maestro dedicado con afán, en suma, un hombre bueno.

En esta evocación que firma el poeta santiagueño Felipe Rojas está su figura perfectamente retratada, y representa el sentir de cuantos tuvimos la suerte de conocerlo y aprender de su ejemplo, el simple oficio de vivir.

 

"Se dice que ciertas características poco comunes de originalidad, agudeza de ingenio, hacen la medida justa de los grandes personajes...Quiero situar en éste peldaño, la figura de Fortunato Juárez. Sintetizar su esencia creadora, sus raíces y el cúmulo de sus virtudes es solo bosquejar una una pincelada de lo que fue su largo recorrido por la tierra, su constante peregrinar y el voluminoso libro de su rico anecdotario.

Lo veo y lo veré siempre con su nobleza a flor de piel, su eterna sonrisa, su impavidez y asombro ante los acontecimientos del mundo, esa inocencia de hombre-niño que parecía acrecentar una vulnerabilidad muy distante de su conciencia. Hombre entusiasta y optimista, la tragedia y los tormentos no le pertenecían, ni siquiera algún enojo llegó a conmover la placidez de su rostro. Me recuerda a esos arbustos que nacen de pronto de la tierra y que alegremente crecen al desamparo, con el sólo incentivo del viento y alguna lluvia ocacional que los revitaliza.

Cierta vez en Buenos Aires nos encontramos y hablamos de nuestros trabajos comunes, la autoría, la música, etc. Yo estaba invitado a un Encuentro Nacional de Literatura, en Puerto Madryn, y pensé que llevar nuestro folclore hacia esas regiones del Sur era oportuno y necesario. Le propuse a Fortunato este proyecto y aceptó de inmediato. Luego de dos días de viaje, por parajes desérticos, faltando poco para llegar, me preguntó: "Dónde estamos, ñañitay, parece que es lejos..." Luego en el bungalow que nos 

cedieron para alojarnos, extendió su libreta de apuntes y un mapa en el que señaló con asombro la gran distancia que lo separaban de Santiago.

En esas noches, después de la lectura de poemas, su voz y su guitarra dibujaban la presencia genuina de nuestra provincia, la calidez de sus coplas, la sencillez y la frescura de la tierra. Este valioso aporte de Fortunato, su arte, su simpatía, conmovieron profundamente a los asistentes, que pedían en noches subsiguientes su presencia y su canto. Así, su presencia fue la estrella de aquel encuentro de escritores, hecho que me alegró y satisfizo plenamente.

Por las mañanas, Fortunato recorría las playas de Puerto Madryn en busca de caracoles y conchillas, vistiendo un poncho de largos flecos, short estampado y unas pantuflas rarísimas . Este atuendo singular, en plena temporada de turismo internacional llamaba poderosamente la atención. Según nos enteramos después, todos pensaban que era un Cacique ó un Príncipe Mapuche, dueño de grandes territorios en la Patagonia y que en esos momentos visitaba estas hermosas playas. Debió ser así ya que muchos lo saludaban y miraban con curiosidad.

Pienso ahora que Fortunato Juárez ya estará en la tierra donde sembró el verano el néctar de la ulúa. Estarán sus huellas en las arenas de Puerto Madryn, contándole al mar el sortilegio de las lechiguanas. Ya estará el día y el perfume de los montes, rodeando su estatura de infinitos paraísos, esas viejas letanías que lo nombran, en los santuarios del sol, del viento y los caminos.